El principito

Uno de los libros clásicos más hermosos que podemos encontrar es el famoso libro de “El principito” del autor Antoine de Saint-Exupéry. Es un libro sencillo pero con muchas enseñanzas y metáforas… yo no lo leí de niña, en realidad pienso que es más adecuado para los jóvenes y adultos… pues de niño no lo meditarías de la misma forma. Pero bueno, ese es mi humilde punto de vista. 

Hoy quiero compartir con ustedes un fragmento de este libro,  que me encanta y que encuentro muy enriquecedor. 

He tenido el atrevimiento de hacer unos pequeños cambios en el fragmento original del libro para poderlo representar con mis fotografías… espero que no moleste a más de alguno. Los cambios que he puesto en el fragmento son solo dos palabras: En el libro menciona la palabra “ROSA” yo usaré “Espiga” y en el libro utiliza la palabra “Zorro” mientras que yo usaré “Libélula”. Y dice así:



El principito se fue nuevamente a ver a las “espigas”. No son en absoluto parecidas a “mi espiga”: no son nada aún -les dijo-. Nadie las ha domesticado y no han domesticado a nadie. Son como era mi “libélula”. No era más que una “libélula” semejante a cien mil otras. Pero yo le hice mi amiga y ahora es única en el mundo. Y las espigas se sintieron bien molestas.

-Son bellas, pero están vacías-les dijo-. Aún no se puede morir por ustedes. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi “espiga” se les parece, pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella “la espiga” a quien he regado.

Puesto es ella “la espiga” a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella “la espiga” a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella “la espiga” cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la “espiga” a quien escuché quejarse, o alabarse, o aún, algunas veces, callarse. Puesto que ella es “mi espiga”.

Y volvió hacia “la libélula”.
-Adiós -dijo.
-Adiós -dijo “la libélula”-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.


-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito, a fin de acordarse.

El tiempo que perdiste por “tu espiga” hace que “tu espiga” sea tan importante.
-El tiempo que perdí por “mi espiga” … -dijo el principito, a fin de acordarse.

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo la libélula-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de “tu espiga”…

-Soy responsable de “mi espiga”… -repitió el principito, a fin de acordarse.

Con esto me despido por esta semana… los espero aquí la próxima semana en mi siguiente publicación. Si quieres puedes seguirme en facebook en el siguiente enlace…

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